miércoles, 18 de febrero de 2009

El deseo de tirarlo por la ventana


Desde que existen niños y ventanas, los padres acostumbran a reconocer, que en algún momento de la infancia del bebé han deseado tirar al niño por la ventana. Normalmente ocurre de noche, y tras varios intentos fallidos de que el heredero o heredera comprenda que de 3 a 7 de la mañana no es horario de juegos y cánticos.

Me ha parecido curiosa esta historia, no hablan de estrangulamientos, de llamar al servicio de recogida de bebés ni nada por el estilo.

Siempre es un "algo" parecido a: "me/nos apetecía en ese momento tirarlo por la ventana".

Por favor, se que este es un tema claramente Yaverista (leer post anterior), aún así estoy más que interesado en este tipo de sensaciones. Cuéntenmelas.

Gracias!

(ejem... acabo de cometer una quicirada absoluta... para subir este post he "editado" el post del Yaverismo-Masismo en lugar de crear uno nuevo, con lo cual, ha desaparecido mi falsosofía... si alguien la tiene enmarcada en el comedor de su casa o se ha hecho una camiseta con el texto, se agradecería me la mandasen para recuperar ese contenido...)

lunes, 9 de febrero de 2009

Un cuento infantil de terror



Nunca olvidaré aquella tarde de domingo. La lluvia mostraba su mal humor golpeando airosa los cristales de la ventana. En la habitación apenas se vislumbraba el viejo armario que la señora de la casa abría en medio de una tensión apenas disimulada.

Posó encima de la cama una enorme caja llena de polvo y envuelta en un lazo de color indefinido por la suciedad.

El silencio me pareció ensordecedor.

Con mucho cuidado, abrió la tapa de aquella caja y fue posando uno a uno aquellos antiguos vestigios de épocas cancamuseras y posándolos en el picueto lecho de la habitación.

El bramido de un trueno mostró su desacuerdo mientras la lluvia siseaba una melodía apenas reconocible.

La señora, tras colocar todos aquellos seres inanimados, sonrió y mirándonos con ojos emocionados, espetó:

- Estás muñecas, para cuando venga Ana a casa.

Algo cerca de mi estomago se revolvió y me dijo que calladito estaba mejor, pero una fuerza imparable me hizo responder:

- Querida suegrina... ni en sueños!

Abandonamos más tarde la mansión, sin notar que la lluvia escupía entre risas su desdén, los charcos reflejaban nuestros rostros desencajados porque nada sería lo mismo tras aquellas imágenes, grabadas en mi memoria para siempre, y que paso a compartir con todos vosotros.


(Las imágenes que presento aquí abajo pueden herir susceptibilidades, quedáis avisados)


























domingo, 1 de febrero de 2009

¿A papá o a mamá?



















Recuerdo el día que mi amigo Carlos Portela tuvo a su hija, en medio de la conversación telefónica no se me ocurrió otra cosa que hacerle la pregunta más tópica-típica que puedes hacerle a unos padres: "¿A quién se parece la niña?"
Su respuesta fue tan genial como real: "¿A quién se va a parecer? Está clarisimo: a Edward G. Robinson, como todos los recién nacidos" (ver foto superior).
Es curiosa la afición y ansia de la gente de ver parecidos cuando el bebé de pocos días no deja de ser un pequeño chimpancé llorón y cagón. Voy más allá: en cualquier ecografía que no imite a una especie de muñeco de plastilina destrozado por el macarra del colegio, ya nos apresuramos a decir "esa boca es mía", "la nariz es de la abuela", y todas esas frases que no dejan de ser un simpático juego para pasar el rato.
Porque todos ya sabemos que las fotos que nos dan en las ecografías no son las reales, están hechas por un programa que realiza instantaneas aleatorias, ¿o acaso no os habéis dado cuenta de lo parecidas que son todas?
Buscad en el google Aleatory Instant Eco-Photography y llegaréis a la misma conclusión.

P.D.: El único problema de Edward G. Robinson, es que siguió toda su vida pareciéndose a Edward G. Robinson.